Nacionalismo, dictaduras, deporte e imbecilidad

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Los sueños de San Martín y O‘Higgins se ven hoy esfumados por los resabios dictatoriales y las tonteras nacionalistas.

“El nacionalismo es la extraña creencia de que un país es mejor que otro por virtud del hecho de que naciste ahí”.
George Bernard Shaw

“Chilenos, chilenos, no bajen las banderas, que
acá estamos dispuestos a cruzar la Cordillera”

Días después de aquel fatídico 11 de septiembre de 1973, millares de personas se encolumnaban por las calles de Buenos Aires para expresar solidaridad con el pueblo chileno, víctima del golpe militar que el general Augusto Pinochet le propinaba al gobierno democrático de Salvador Allende.

Más allá de los errores y el infantilismo en el que incurrió la primera administración socialista de América, surgida en las urnas, todo el arco político argentino repudió la asonada militar y la salvaje represión que empezaba a esbozarse.

El sentimiento fraterno era tal que el cantautor italiano Gian Franco Pagliaro grabó un disco con las consignas que coreaba la gente durante las marchas para colaborar con el pueblo trasandino. Escuchar cantado por el napolitano Pagliaro “Chile no se rinde” o “Vamos Chile carajo” no tenía un gran valor musical, pero era representativo de la solidaridad entre los pueblos hermanos.

Mi amigo Allende se equivocó”, decía Juan Domingo Perón, a pocos días de convertirse en Presidente de la Nación Argentina por tercera vez, dando una confusa explicación a la redención cesarista que empezaba a azotar al país vecino.

“El fascismo es fascismo sin importar de qué lado de la cordillera estamos” decía muy serio un líder estudiantil en una de las tantas asambleas que tuvieron lugar en distintos claustros porteños, en apelación a los sentimientos fraternos.

Seis meses más tarde, en ocasión de recibir Perón a Pinochet en Buenos Aires, se comprobó que la condición militar de ambos era más afín que el apego del caudillo argentino a la institucionalidad.

También sirvió para corroborar que los cánticos de muchos miles dispuestos a cruzar la cordillera, en marchas legales, eran mera retórica, pues las barreras policiales y la Guardia de Infantería, que no permitían acercarse al lugar de la cumbre, lograron disuadir a los indignados por el encuentro entre ambos generales.

Peron y Pinocho

Pinochet y Perón, unidos por el mesianismo.

“Sí no podemos pasar esta barrera, cómo carajo vamos a cruzar la Cordillera” cantaban los grupos más radicalizados, dispuestos a la confrontación, pero los bastones policiales y los gases superaban cualquier enojo.

Tres años después, en 1976, ambos pueblos quedarían más hermanados por sus respectivas tragedias, ya que los militares argentinos daban el golpe más cruento de la historia, con alguna diferencia de matices.

“A nosotros no nos van a poder probar como a Chile la salvaje represión. No van a verse imágenes como las registradas en el Estadio Nacional”, señalaba entre sus cómplices un jerarca militar argentino, poniendo en palabras todo lo que ocurrió después: secuestros a cargo de encapuchados, centros de detención clandestinos, enfrentamientos simulados, fosas comunes con N.N., vuelos de la muerte y todo el repertorio asesino que además de generar miles de víctimas, desacreditó y envileció a las Fuerzas Armadas.

Conflictos limítrofes

Pero a ambos gobiernos castrenses y a sus hordas salvajes la represión interna parecía no saciar su espíritu mesiánico y belicoso, por lo que en 1978 decidieron llevar al enfrentamiento añejos y desempolvados conflictos limítrofes.

Tras el rechazo de la junta militar argentina a un laudo arbitral de 1977, que le daba a Santiago la soberanía de tres pequeñas islas, Picton, Nueva y Lennox, situadas al sur del Canal de Beagle, los militares argentinos extremaron la cuerda.

Dado que las islas estaban en posesión de Chile y el fallo ratificaba su soberanía, los sectores más duros de la dictadura eran partidarios de acciones militares, conscientes también por ese entonces de su mayor poderío militar.

La controversia sobre el Canal Beagle que ha llevado a los regímenes militares de Argentina y Chile al borde de la guerra es una expresión del turbulento revisionismo operante en Argentina en reacción a las frustraciones en la vida nacional. La política argentina está conducida por militares cuyos valores nacionalistas están mezclados con ambiciones personales.

En estos términos, el New York Times analizaba en su edición del 22 de diciembre de 1978, la crítica situación, que fue posible desactivar por las gestiones del Vaticano y del enviado papal, el cardenal Antonio Samoré, quien tras múltiples viajes entre Buenos Aires y Santiago logró aquietar las aguas cuando los militares argentinos ya tenían planes de invadir las islas en conflicto.

La Guerra de Malvinas

Producido el programado cambio presidencial en Argentina, el menos belicoso Roberto Viola le dejó su lugar a Leopoldo Fortunato Galtieri, cabeza visible de los sectores más beligerantes, y la acción militar finalmente tuvo lugar. No hacia el oeste, como propiciaban los más duros, sino sobre las Islas Malvinas, que desde 1833 estaban en posesión de la corona británica.

Entonces Pinochet, quien nueve años antes había traicionado a su presidente Allende y participado de múltiples asesinatos de camaradas de armas, como los generales René Schneider, Carlos Prats o Alberto Bachelet, padre de la actual presidente Michelle, volvió a mostrar que la traición estaba en sus genes.

Hijo de madre argentina, en pleno conflicto del Atlántico Sur prestó toda la logística de su país para facilitarles las acciones aéreas y marítimas a los británicos.

Años después, en 1998, su colaboración con la corona, que siempre fue un secreto a voces, se confirmó cuando Pinochet fue detenido por orden del juez español Baltasar Garzón por presunta implicación en los delitos de genocidio, terrorismo internacional, torturas y desaparición de personas ocurridos en Chile durante su dictadura.

Margaret Thatcher inició una encendida defensa por su libertad y su alegato se basó en los favores que éste había hecho al Reino Unido durante la Guerra de Malvinas.

Foto 4Aquí hay que detenerse y ser bien claros. Ni Galtieri ni el resto de los militares son el pueblo argentino, ni tampoco Pinochet representa al chileno, aunque conserve algunos nostálgicos defensores.

Sin embargo, ciertas taras nacionalistas que afloran durante las competencias deportivas hacen que salgan a la luz tanto en el éxito como en la adversidad.

El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales”
Johann Wolfgang von Goethe

Dos finales en sendas copas América de fútbol ganadas por Chile, precisamente a Argentina, permitieron que la rivalidad se exacerbara. Bastó con que Chile quedara eliminado del próximo mundial Rusia 2018 para que el resentimiento argentino explotara de la peor manera. Las redes sociales, además, son el mejor receptáculo para expresar tanto estiércol desde la agresión y la ulterior reacción.

Producciones gráficas de dudoso buen gusto adquieren relevancia si cumplen con el objetivo de herir al otro. Ni hablar de las ventajas que otorga el anonimato, para que cualquier frustrado tenga su momento de gloria burlándose del derrotado.

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Canciones que hacen alusión a la estrechez del territorio chileno y la supuesta llegada de las aguas reflejan más los padecimientos de quienes las cantan y difunden que los problemas reales de los chilenos.

Con una mirada retrospectiva, cabe interrogarse si éste era el sueño que tuvieron los libertadores José de San Martín y Bernardo O’Higgins. Militares imbuidos en un estúpido nacionalismo y seguidores a los que inocularon el virus de la intolerancia no hacen más que mostrarnos su falta de valores reales.

“Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación”.
Arthur Schopenhauer

Por suerte no todos somos ni Galtieri ni Pinochet.

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No hace falta ser criminal para ser un psicópata

Hace un tiempo, una psicoanalista oriunda de Venezuela me recomendó la observación de unos podcasts del psicólogo español Iñaki Piñuel, en los cuales se refiere a ciertos depredadores humanos a los que denomina “Psicópatas integrados”.

Piñuel, de destacada trayectoria y abundante obra, se dedicó al estudio del “bullying”, del acoso laboral, y en su libro El Amor Cero analiza a aquellos miembros de una pareja que sin ningún tipo de afecto y empatía por el otro terminan por destruir las vidas de quienes, por diversos motivos, son seducidos por ellos hasta reducirlos a la nada.

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Iñaki Piñuel

La propuesta es interesante porque durante mucho tiempo el Psicoanálisis, que incluyó a la Psicopatía dentro de las perversiones, no se ocupó mucho de estos siniestros personajes.

Cuando algún paciente llevaba a sesión los padecimientos que podían causar ocasionales jefes, compañeros de trabajo, novios, esposas o esposos, había un denominador común: centrarse en el discurso del que habla y a lo sumo preguntarle:

¿Qué se juega en Usted que se engancha en semejante situación?. Incluso, mucho se habla y se ha escrito de la relación del opresor con el masoquista o de las parejas antitéticas o complementarias.

En lo personal, sólo recuerdo, antes de Piñuel, a la psiquiatra y analista de familia francesa Marie-France Hirigoyen hacer un llamado de atención al psicoanálisis ortodoxo por “mirar para otro lado” en los casos de acoso laboral, en la pareja o en el grupo familiar.

Antes de partir hacia mi “voluntario exilio”, en el último libro que compré en la Feria del Libro de Buenos Aires, El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana, la doctora Hirigoyen, formada en los Estados Unidos, rescata la palabra del que habla, pero no como un síntoma, sino empezando a dar crédito a que esos depredadores seriales y morales que no van jamás a un tratamiento, sí existen y les hacen la vida muy difícil a su entorno.

Hirigoyen, quien cuenta con una plaza con su nombre en la localidad de Acassuso en San Isidro, Buenos Aires, realizó incluso una serie de cursos en el FBI sobre asesinos seriales, y personalidades perversas, elementos que le permitieron distinguir a los acosadores morales.

Con muy buen criterio, en una actitud que espantaría a freudianos y lacanianos, cuestiona la distintiva neutralidad del Psicoanálisis y pone el acento en que, por privilegiar el mundo interior del paciente, se desdeña su entorno.

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Robert Hare

Piñuel sigue su línea e incluso cita al criminólogo canadiense Robert Hare, el mayor experto mundial en Psicopatía, quien calcula que el mundo está poblado por un 1% de psicópatas. Para el terapeuta español, el número es 3%  pero al referirse a Hare, recuerda que éste le advirtió que ante semejantes personajes, no hay cura posible y “la única alternativa es escapar”.

Qué es un psicópata

Un psicópata es un individuo narcisista, antisocial, sin inhibiciones, escrúpulos ni remordimientos cuyo objeto es la satisfacción inmediata de sus deseos. Para cumplir con ellos suele manipular a su entorno más próximo y actuar sobre aquellos que ceden a sus impulsos. De allí que habitualmente se hable como las personalidades psicopáticas actúan sobre personas depresivas y culpógenas.

Dado que no sufren por sus padecimientos, es difícil situar los cuadros psicopáticos como enfermedades, porque no tienen cura, pero el punto es que con sus síntomas sí hacen sufrir mucho a su prójimo. Se caracterizan también por su fina percepción sobre cómo influir sobre los demás y saber dosificar los mecanismos de castigos y recompensa. El denominador común es siempre la gratificación narcisista, no importando el otro, que es apenas un medio para sus fines.

En muchos casos exhiben violencia, malicia, premeditación en sus actos, pero esto no hace falta corroborarlo en criminales porque también esto se advierte en la vida cotidiana.

Cualquier analogía con la política y los rasgos demagógicos de innumerables líderes es facultad del lector.

Hasta aquí lo expuesto no es novedoso ni está escrito nada que no se haya dicho antes. Mejores autores que yo ya lo han expresado y de manera más completa.

Sin embargo, por experiencias personales, tanto en consultorio como en otros ámbitos, muchas veces me tocó cruzarme con algunos de ellos y comprobar que como decía Freud, “No hay enfermedades sino enfermos”.

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Marie-France Hirigoyen

Mi psicópata favorito

Por intermedio de un amigo y compañero de estudios conocí a un corredor de autos, eterno novio de su tía y al mismo tiempo de unas cuantas señoras y señoritas. Mi amigo me había advertido de algunas facetas muy peculiares de su personalidad, pero como compartíamos simpatías futbolísticas, solíamos ir a la cancha o juntarnos en algunos bares ligados al ambiente del automovilismo deportivo.

Aún no habíamos cursado Psicopatología y ciertas conductas de él, por nuestra condición de adolescentes, nos despertaban fascinación por su forma de burlarse y desmitificar algunas pautas sociales. Aventurero, corredor de autos más temerario que talentoso, generaba todo el tiempo situaciones disparatadas en las que dejaba siempre en ridículo a quien osaba oponerse a él o cuestionarlo.

Hablar de él podría llevar un libro entero, con innumerables anécdotas y es más, me resultaría hasta entretenido, porque hay historias muy peculiares y representativas de las variables humanas, pero me bastó un viaje de veinte días a Brasil para presenciar un Gran Premio de Fórmula 1, donde conocí sus aristas más oscuras.

Lo puntual es que cuando en mi examen final de Psicopatología me tocó el tema Psicopatía, sus habituales conductas me sirvieron para describir con terminología técnica. Puede parecer inmodesto que lo cuente, pero gracias a él, saqué diez en aquel examen.

Sexópata, mentiroso, estafador tanto en lo económico como en lo afectivo, sin inhibiciones ni culpas y con una marcada incapacidad de postergar la descarga. Nunca se sabía qué era lo que realmente quería, pero como dijo alguna vez el fallecido rockero Luca Prodan: “No sé lo que quiero pero lo quiero ya”.

Un enemigo del diván

Durante mi paso por la Patagonia, en la Argentina, por derivación de la presidente del Colegio de Psicólogos de la provincia de Chubut llegó a mi consultorio otro de ellos. Me intrigaba cómo mi colega que atendía a sus dos hijos no se había dado cuenta que con este tipo no había tratamiento posible, pese a que el mismo había solicitado asistencia.

Separado de la madre de sus hijos, frutos de su tercer matrimonio, tenía una nueva pareja, la cuarta, con una mujer que ya contaba tres hijos de un matrimonio anterior. En los pocos meses que lo atendí su problemática central era que no estaba dispuesto a mantener hijos ajenos y cómo la estafa era para él una forma y un medio de vida. Recuerdo una de sus últimas asociaciones:

“Y bueno, no puedo pagarle a todos mis proveedores. Cumplo con dos y cagó a tres”.

Cualquier interpretación del número de hijos, propios y ajenos, con el número de proveedores queda a criterio del lector. Y por supuesto, al no encontrar complicidad en el analista, el tratamiento duró muy poco tiempo y desde luego que quedó impago, porque los psicópatas muy rara vez cumplen con sus deudas. Alguna vez escuché que frente al discurso de un perverso, el terapeuta no tiene muchas opciones. O se transforma en un “voyeurista” complaciente o asume una postura totalmente censuradora.

El tema que motiva esta reflexión no son precisamente los “Psicópatas de libro” que bien describen Robert Hare o Iñaqui Piñuel, sino aquellos “grises” que tienen algunos mecanismos similares, a los personajes ya descriptos, según las circunstancias.

La Psicopatía tiene una “hermana menor” que es la Caracteropatía o Neurosis de Carácter, en donde los síntomas no provocan ningún tipo de padecimientos a quien los sufre sino a quienes lo rodean. Y no funcionan así en todo momento, porque puede darse que quien a menudo debe soportar un trato psicopático en su trabajo o en su casa, actúe luego de forma activa lo que había sufrido de manera pasiva.

Está claro que no falta ser un criminal para tener rasgos y comportamientos psicopáticos, pero como mi afán es dejar abierta la discusión, voy a parafrasear al perverso más grande la historia, Donatien Alphonse François, el Marqués de Sade, quien para justificarse alguna vez dijo, “No hay mayor perversión que la ingenuidad”.

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Los militantes del Grouchomarxsismo

“Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”.

Cuando el célebre Julius Henry Marx, conocido por su nombre artístico “Groucho”, ideó esta ocurrente frase, no imaginó tal vez que con ella reuniría a toda una corriente de pensamiento entre los políticos argentinos.

Las trayectorias públicas de quienes vamos a citar aquí, precisamente, no se caracterizan por la fidelidad a una ideología o elementales principios éticos, sino por una decisiva cuota de oportunismo, apego a los puestos públicos y la forma de lucrar, que es el objetivo supremo de sus existencias.

Desde luego que no es ilícito cambiar de ideas o mutar de pensamiento de acuerdo a las circunstancias, pero cuando uno ocupa posiciones de liderazgo y con su postura o decisiones modifica presente y futuro de mucha gente, lo mínimo que se exige es coherencia y honestidad intelectual.

Enumerar a todos los que se han caracterizado por sus virajes ideológicos desde el retorno de la democracia en 1983 hasta nuestros días sería muy difícil de realizar, pero como en distintos deportes, hay rankings con “top ten” y “Pole position” . Varias figuras de la última década, la historia dirá si ganada, perdida o robada, no resisten el mínimo archivo en su arte de cambiar de partidos y mutar de ideas según la conveniencia.

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Por su condición de aspirante a la primera magistratura, Daniel Scioli es quien hizo más méritos para ser líder vitalicio del “Grouchomarxismo”.

( Ver “Daniel Scioli, desde el JardínDaniel Scioli, desde el Jardín” en este mismo blog, julio del 2015).

Cuando en 1997, el presidente Carlos Saúl Menem, otro gran campeón del travestismo ideológico, respaldó a Scioli en su candidatura a diputado nacional, el hasta allí fraudulento campeón de motonáutica aprendió de memoria el discurso vigente. Privatización de las empresas públicas, achicamiento de las funciones del Estado y total apertura de los mercados eran los términos que manejó mientras fue neoliberal y funcionario del riojano. Luego, como vicepresidente de Néstor Kirchner primero y como gobernador de la provincia de Buenos Aires después, su discurso pasó a ser Nacional y Popular, tal como se lo señalaban sus superiores.

Demás está decir que cuando se postuló a la presidencia se mantuvo populista, sin importar los archivos de prensa gráfica o fílmica en donde destacaba lo contrario.

Toda su carrera se erigió desde la mentira, el relato y el embuste, por lo que no extraña ahora que se sepa que su matrimonio con Karina Rabolini duró hasta el resultado de la elección. La ex modelo y fallida empresaria tenía una imagen más presentable como virtual primera dama que la bailarina cordobesa que ahora las circunstancias le obligaron a blanquear.

Hablar de su título universitario, obtenido de manera express, es apenas la “frutillita del postre”, de quien ha defraudado a los habitantes de la provincia de Buenos Aires de manera directa, y muy cerca estuvo de extrapolar su ficción con el ejercicio de la primera magistratura.

Pero lo más grave del plástico Danielito fue su mutación en el campo de los Derechos Humanos. Admirador del general Jorge Rafael Videla y defensor de su “carnicería”, recién empezó a tomar conciencia de los crímenes de la dictadura militar, que rigió la Argentina entre 1976 y 1983, cuando encolumnado detrás de los Kirchner, otros grandes transformistas en esa materia, evaluó que le daba réditos políticos y por ende votos.

Un chanta que genera vergüenza ajena y de quién dijo alguna vez la ex diputada María Eugenia Estenssoro: “es cínico o una persona con problemas”

El célebre motochorro

Si hay otro que hizo méritos para disputarle a Scioli la cuerda en la carrera de los “Tartufos” es el ex ministro de Economía y vicepresidente de la Nación, Amado Boudou.amado-boudou-en-upau-alsogaray

Amante de las motocicletas Harley Davidson y forjado en la “dura noche” marplatense como disc jockey, Boudou comenzó su militancia universitaria en los ochenta en la UPAU, una extensión de la Unión de Centro Democrático que fundara el ingeniero Álvaro Alsogaray. Y si hay alguien en la Argentina que estuvo lejos del sentido social y la función del Estado como regulador de la economía fue el capitán ingeniero.

Tras su función en la actividad privada donde dejó malheridas a todas las empresas por donde pasó, Amado llegó al Estado, tan denostado por él, en su juventud.

Su gran mérito fue la estatización de las jubilaciones privadas, otro dudoso y polémico proyecto del gobierno menemista, que le posibilitó al gobierno “K” reunir una cantidad cuantiosa de millones. La maniobra, que desde lo ideológico es discutible, concita la atención porque fue diseñada y ejecutada por un supuesto liberal.

No se trata aquí de enumerar las causas judiciales del simpático Amado, la inscripción fraudulenta de un auto para no compartirlo como bien ganancial con su ex esposa ni su documento de identidad apócrifo con su domicilio en un médano de una playa de la Costa Atlántica.

Apenas son delitos menores al lado de la creación con sus testaferros de The Old Fund, una empresa con una sola factura emitida a la provincia de Formosa para reestructurar su deuda con la Nación por una suma millonaria. Acuerdo que ya se había hecho con su antecesor en Economía, Carlos Fernández y el gobernador de Formosa , Gildo Insfrán, quien también debería demostrar en la Justicia su inocencia en esta estafa a su provincia.

Lo mismo que su intento de quedarse con la imprenta Ciccone, única empresa privada autorizada a fabricar moneda, junto a su socio de correrías, el también marplatense José María Nuñez Carmona. Ocioso agregar que esta causa le costó el cargo a un histórico del peronismo, el procurador general de Justicia, Esteban Righi, quien fue obligado a renunciar por una falsa imputación del “motochorro” en su endeble defensa .

Nada en él es genuino; sólo la vocación por esquilmar a Estado y quedarse con el dinero público en todas sus formas.

Hoy, fuera del Gobierno, el ex disc jockey dicta conferencias para la claqué del “campo popular”. Bajo el título Reconfiguración de Estrategias de dominación imperial en América Latina” Boudou se presentó en noviembre pasado en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, una de las últimas trincheras que le quedan a los impostores ideológicos.

narigaComo prueba de su aversión al imperialismo basta citar algunas de las empresas que Boudou tiene con su socio “Nariga” Nuñez Carmona, con quien se lo ve en una foto en Times Square, Nueva York, muy lejos de González Catán.

Aspen Habitat Natural, WSM, Beaver Cheek, y Action Media son nombres que no aparecen en los mapas de Argentina, ni tampoco en el Martín Fierro, pero forman parte del patrimonio del hoy luchador anti imperialista.

Negocios de familia

Para completar esta trilogía de vivillos y compartir el podio, no hay duda de que Sergio Massa hizo los méritos suficientes.

Al igual que Boudou, “Massita”, intendente de la ciudad de Tigre, comenzó su militancia también en la UceDé del ingeniero Alsogaray, verdadera cuna de los liberales argentinos a quienes el escritor Arturo Jauretche acusaba de “querer llegar al poder para acomodar a sus amigos”.

Massa no sólo fue militante del partido liberal conservador fundado por Álsogaray que gran influencia tuvo en los diez años de menemismo, sino que llegó a ser presidente del partido en la provincia de Buenos Aires.massa-nestor-cristina

Pero en el 2001, tras contraer matrimonio con Malena Galmarini, hija de dos dirigentes justicialistas, se fue acercando al ideario de Perón para hacer una meteórica carrera, sostenido por su suegro Fernando, un simpático periodista deportivo que llegó a senador provincial y secretario de Deportes con Carlos Menem.

Predecesor de Boudou en la Administración Nacional de la Seguridad Social, ANSES, se mantuvo en ese cargo por orden de Néstor Kirchner, hasta que ganó en el 2007 la intendencia de Tigre por primera vez.

La renuncia del jefe de Gabinete de Cristina en el 2008, Alberto Fernández, otro maestro del transformismo político, lo llevó a ese cargo en el 2008 por un año, hasta que volvió a su cargo en  Tigre, previo paso de integrar una lista encabezada por Néstor Kirchner como legislador nacional y no asumir por ser “candidato testimonial”, invento que fue lisa y llanamente una estafa al electorado.

Fundador del Frente Renovador, Massa dio la gran sorpresa al independizarse del Kirchnerismo y abrir una tercera posición que frustró las ambiciones de Cristina de perpetuarse en el poder.

Fuera del balotaje, y con el afán de encabezar al peronismo, Massa se ha vuelto en el opositor más firme del gobierno de Mauricio Macri, pero si algo está claro es que no lo guía un compromiso ideológico, sino un pragmatismo a prueba de todo.

La lista sería interminable con las figuras de segunda línea alineadas, según el momento, detrás de estos personajes que fueron mutando de acuerdo a la coyuntura.

Una cosa es curiosa: en un país como Argentina, que padeció una sangrienta dictadura militar y en donde los jóvenes usualmente arrancan su militancia desde la izquierda y luego morigeran sus posiciones, estos tres dirigentes hicieron exactamente al revés. Lo trágico es que Scioli estuvo a punto de ser presidente, Boudou lo fue de manera transitoria en ausencia de Cristina y Massa se frota las manos esperando su oportunidad.

A Winston Churchill se le atribuye la siguiente frase. “ El que no es de izquieda a los 20 años no tiene corazón, pero el que a los 40 lo sigue siendo no tiene cerebro”.

Estos tres exponentes lo que no tienen es escrúpulos.

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Se murió Fidel Castro, ¿Y…?

“Soñé que había matado a Fidel”

La historia me la contó un conocido mío, abogado, militar, ex fiscal y juez de la Corte del Circuito de Florida con quien suelo conversar cuando hay tiempo libre.

El hecho es que esto le pasó a un pobre hombre que en los comienzos de la Revolución Cubana se despertó con una pesadilla en la cual había querido matar a Fidel Castro.

El infortunado no tuvo peor idea que contárselo a su no muy inteligente mujer y ésta encima comentarlo en su lugar de trabajo.

Días después, la Seguridad del Estado lo encarceló y, mediante juicio sumario, le dieron una condena de prisión de quince años. En su proceso, basándose en una interpretación un tanto sesgada de Sigmund Freud, la parte acusadora determinó que el sueño es una expresión de deseos y su onírico crimen le costó al tipo la cárcel.

Y más allá de la peculiar situación, cuando uno comienza a conversar con gente del exilio, empieza a darse cuenta de que lo que empezó como una épica contra la injusticia y la opresión se transformó precisamente en lo mismo que se decía combatir.

Inútil enumerar las infinitas historias de cárceles, fusilamientos y otras miserias que fui recogiendo en mis quince años en Miami. Maltrato, privilegios a los miembros del Partido, alcahuetes o chivatos, y más allá de mi natural escepticismo, llegó un momento en que ya no podía creer que tanta gente se confabulara para atacar las delicias que nos contaba Ernesto Cardenal en “En Cuba”. (1)

Lo que nació como una promesa de lucha contra la inequidad y la falta de libertad se transformó en una escuela de delación y conculcación de los derechos individuales. He tenido hasta testimonios de personas que por lazos familiares gozaban de los privilegios del régimen y sentían vergüenza de esa condición.

Un recuerdo familiar

“Antes había gente que vivía bien. Ahora no vivimos tan bien, pero lo hacemos todos”.

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La frase que fue parte de mi repertorio durante toda mi adolescencia y parte de mi adultez
le pertenece a un hijo de una prima de mi papá, calculo de mi misma edad, y que la pronunció durante un viaje clandestino desde La Habana a Buenos Aires a fines de los sesenta.

Como Argentina, bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía, no tenía relaciones diplomáticas con la isla, mis parientes que se sumaron a la Revolución a poco de producirse, y ocupaban importantes puestos en el sector Salud, habían regresado de manera “secreta” vía Venezuela, para visitar a sus padres.

Es que parte de mi familia paterna siempre tuvo simpatías con el PC, un tío del viejo era incluso dentista y amigo del célebre Osvaldo Pugliese y estos primos, ambos médicos e hijos de otro tío, creían con convicción en el ideario de Fidel.

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Confieso incluso que de pequeño yo no leía el Patoruzito, ni la colección Robin Hood o el álbum de El Tony. En mi casa, el viejo tuvo la picardía de no devolver a un camarada los tres famosos ejemplares de Bohemia posteriores a la Revolución, y yo, fascinado, me deleitaba con las historias y fotos de Sierra Maestra, me indignaba cuando veía las cárceles de Fulgencio Batista y hasta me reía con la viñeta del niño, feliz al advertir en el espejo su primer pelo de barba.

Recuerdo incluso las palabras de mi viejo, explicándome que La Habana se había convertido en el garito y prostíbulo de los Estados Unidos. La escena de El Padrino II, cuando la gente rompía parquímetros y tragamonedas, le daba por ese entonces la razón.

Y aunque la dictadura militar argentina me obligó en el 76 a desprenderme sin haber leído las obras completas de Mao, heredadas del viejo, y las del Ché, regalo de cumpleaños de mis amigos, al menos pude conservar los históricos tres números de Bohemia además de haber leído antes “Los que luchan y los que lloran”, de Jorge Masetti. (2)

Y si los casi siete años del infame Proceso de Reorganización me dejaron recuerdos y huellas muy tristes, un día comencé a interrogarme si para imponer “ideales superiores” hacía falta que esto se hiciera a punta de pistola . Además, solía escuchar que había gente que dejaba la isla en balsa para escapar a Miami, pero que el mecanismo no era simétrico ni reversible, ya que nadie dejaba Miami para exilarse en la isla. Si la Revolución comenzaba a no dar respuestas, con la disolución de la Unión Soviética el paraíso que nos vendían comenzó a desmoronarse de manera brutal. Sin entrar en menudencias, sólo alcanza con ver las colas que debe hacer la gente por un kilo de azúcar o de harina, la forma de viajar en los célebres camellos, un vehículo de los cincuenta, cedido por los rusos.

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Aquel argumento de que La Habana en los cincuenta era el prostíbulo de los americanos hoy se desmorona con el turismo sexual a cambio de unos pocos dólares o la promesa de sacarte de la isla.

No quiero ni me hace falta ponerle un número a fusilamientos, cárceles por sólo pensar distinto y múltiples atrocidades que a uno le cuesta escuchar. Pienso lo mismo en los miles de personas ahogadas en el Mar Caribe tratando de buscar un espacio de libertad.

Cuando viví en Houston, Texas, tuve un colaborador cubano que me contaba de las arbitrariedades del régimen y a medida que avanzaba su relato no podía sacarme de la cabeza la similitud con muchas de las cosas que nos hicieron vivir Videla, Massera y compañía. La pequeña diferencia es que a los argentino, las tres juntas militares nos jodieron siete años y los cubanos llevan más de cincuenta aguantando esta tortura. Dentro como fuera de la isla.

camellos-en-cubaY si hoy, quienes vivimos en USA nos sentimos esclavizados por la sociedad de consumo o las cuotas, está claro que nadie nos obliga a contraer dichos compromisos, no así a los cubanos de la isla que tienen su vida acotada por una familia que no atraviesa las mismas penurias cotidianas que ellos.

La muerte de Fidel Castro no me provoca ir a festejar a la Calle Ocho o a Hialeah. No me alegra ninguna muerte, pero tampoco me provocará una lágrima. No me creo ya su épica ni la de los hipócritas que, como afirma mi hijo, “van allí de vacaciones a hoteles y lugares donde la población local no puede ingresar”.

Su muerte no borra ni soluciona aún la tragedia cubana.

Castro y sus secuaces no hicieron nada distinto de Hitler, Stalin o los militares argentinos. No se le puede robar a un ser humano su bien más preciado que es la libertad.

Referencias

  • “En Cuba”, 1970 del poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal.
  • “Los que luchan y los que lloran”. Libro recopilado por Rodolfo Walsh de notas del periodista argentino Jorge Masetti, único que viajó a Sierra Maestra. Masetti desapareció después en 1964, al intentar armar un frente guerrillero en la selva de Orán, provincia de Salta.
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Ché, La Volpe, ¿Por qué no te callas?

Muchas cosas pierde el hombre 
Que a veces las vuelve a hallar; 
Pero les debo enseñar, 
Y es bueno que lo recuerden: 
Si la vergüenza se pierde 
Jamás se vuelve a encontrar.

José Hernández en su obra Martín Fierro.

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El pasado 26 de octubre, en ocasión de derrotar por tiros desde el punto penal las Chivas de Guadalajara al América de México, en una de las semifinales de la Copa MX, el técnico del equipo derrotado, Ricardo La Volpe, estalló de furia.

“Nos robaron el partido y no escuché a nadie de la prensa, a ningún periodista, decir la verdad de lo que realmente pasó en el Azteca” fueron las primeras palabras del entrenador argentino, para explicar la eliminación de su equipo.

La situación que provocó el enojo del experimentado técnico fue una imperceptible posición fuera de juego de Alan Pulido, en el gol del empate del equipo de Jalisco.

Durante los días posteriores al encuentro, los medios especializados de México y los Estados Unidos repitieron la acción de la polémica y en la mayoría de ellos había voces divergentes en torno a si la conquista debió ser invalidada.

Este diferendo le permitió a La Volpe desviar la atención de la pobre actuación que tuvo su equipo, superado por el de Matías Almeyda en posesión de balón, situaciones de gol y en todas las instancias del juego. El técnico, además, tampoco hizo referencia de los pésimos cambios que introdujo para salvar el triunfo parcial.

Fue tal la supremacía de Chivas que otro argentino, Alberto Daniel Brailovsky, figura histórica del América, señaló en Fox Sports al término del partido que “hoy es un día de luto para el americanismo por la falta de actitud ofensiva del equipo”.

Sabido es que la autocrítica no es parte del universo de La Volpe, quien siempre encuentra una excusa o un culpable para no asumir las derrotas de sus equipos .

Curioso su ataque a los periodistas, cuando hoy dirige una escuadra propiedad de la principal cadena de televisión mexicana, que suelen ser bastantes benevolentes con él cuando reemplaza los hechos por su particular lectura de ellos.

Un poco de historia

Tras su retiro de la práctica activa en 1983, el entonces guardameta comenzó a dirigir en el último equipo que jugó, el Oaxtepec. Luego pasó con diversa suerte por Ángeles de Puebla, Atlante, Guadalajara, Querétaro y recién, diez años después, de nuevo en el Atlante alcanzó su primer campeonato como técnico.

En 1996 tuvo su primera etapa con el América, pero un inesperado traspié con Chivas, 5 a 0, motivó su rápida salida del “Nido de Coapa”.

Luego regresó a Guadalajara, pero esta vez para dirigir a Atlas, en donde se mantuvo cuatro años en un buen nivel, incluida una final perdida por penales en 1999 con el Toluca.

Precisamente, con los “Diablos Rojos” del Toluca, dirigidos por Enrique “Ojitos” Meza, campeones en tres torneos entre 1998 y1999, La Volpe logró en el Apertura 2002 ser puntero la mayor parte del campeonato. Convocado a dirigir la selección de México, dejó a sus ayudantes, Alberto “el Pampa” Jorge y Wilson Graniolatti al frente del equipo y con ellos alcanzó su segundo campeonato mexicano.

En la Copa Oro del 2003, México se alzó con el título al derrotar en la final a Brasil, invitado al certamen, por 1 a 0, en lo que constituyó el último blasón del “Bigotón”.

Tras clasificar sin contratiempos al Mundial de Alemania, la selección tricolor no tuvo una buena primera fase. Debutó con un 3 a 1 favorable con Irán, siguió con un empate sin tantos con Angola y una derrota 2 a 1 con Portugal. No obstante su pobre rendimiento, logró el segundo lugar del grupo y la posibilidad de enfrentar a la Argentina, que invicta había ganado su grupo.

Precisamente fue este partido el que aumentó el narcisismo del “Bigotón”, aun habiéndolo perdido.

“Una victoria táctica”

Con el viejo truco de poblar la media cancha, pero sin muchas aspiraciones ofensivas, el conjunto tricolor le sacó el control de la pelota a los argentinos.

Muy temprano, con un balón detenido, logró por vía de Rafa Márquez la apertura del marcador. Sin embargo, pocos minutos después, Jared Borghetti, tras un tiro de esquina, anotó contra su valla y dejó el encuentro igualado. En el segundo tiempo el dominio argentino fue abrumador pero infructuoso, por lo que hubo que recurrir a jugar minutos extra hasta que se produjera la primera ventaja.

Pero es aquí donde hay que detenerse, ya que en el filo del tiempo reglamentario, a instancias del juez de línea, el árbitro anuló un legítimo gol de Lionel Messi, que le hubiera dado a la Argentina el triunfo. Luego, en tiempo extra, un golazo de Maxi Rodríguez puso justicia al partido y acabó con la ilusión mexicana.

Curiosamente suele evocarse esta conquista de Rodríguez como un “gol de otro partido”, pero la figura es errónea ya que contó para dejar afuera a México y sirvió para borrar de la memoria la jugada entre Pablo Aimar y Messi, que de manera reglamentaria le hubiera dado la victoria a Argentina. Jamás a La Volpe ni a ninguno de sus seguidores se les escuchó reflexión alguna de este error arbitral.

No obstante el resultado, vive vanagloriándose de su “victoria táctica” frente al equipo dirigido por José Pekerman y no pierde oportunidad en recordar que “fue felicitado por todo el mundo del fútbol”

Nadie es profeta en su tierra

El digno papel de México le sirvió meses después para regresar a su país a dirigir a Boca Juniors, que venía de ganar dos títulos locales y tres internacionales en un año y medio, con la dirección de Alfio Basile. Convocado éste a dirigir la selección argentina de urgencia, Boca, que llevaba una notable ventaja en el Apertura 2006 y se dirigía a su tercer título consecutivo, contrató al ex arquero de Banfield y San Lorenzo.

Desde la primer sesión de entrenamiento, La Volpe se empeñó en mostrarles a sus jugadores sus conocimientos tácticos, pero no sólo los saturó sino que fue licuando la ventaja que tenía sobre sus perseguidores. En el medio, cayó 3 a 1 en el clásico con River Plate y hasta sufrió la eliminación de la Copa Sudamericana con Nacional de Montevideo.

A sólo dos fechas del final, con cuatro puntos de ventaja sobre Estudiantes de La Plata, perdió los últimos dos partidos y tuvo que llegar a un desempate con el equipo platense. En cancha de Vélez, Estudiantes ganó 2 a 1 y La Volpe cumplió con su palabra de renunciar si no obtenía el campeonato. Le habían dejado un penal sin arquero y aún no se sabe como lo desperdició.

Lo gracioso es que diez años después de “haber chocado una calesita”, La Volpe , fiel a su particular verborragia, muy suelto afirmó en su primer encuentro con la prensa al asumir en América que en ese torneo del 2006 salió subcampeón y que con Vélez y Banfield había hecho buenas campañas.

A Vélez, que en 2005 había sido campeón con la dirección de Miguel Russo, llegó por la partida de éste a Boca, donde ganó la Copa Libertadores de 2007. También fracasó en el equipo del barrio de Liniers, culpó del desastre al técnico de inferiores Omar Assad por la falta de condiciones de los juveniles del club y regresó a México, por los pobres resultados.

Merece señalarse que mientras La Volpe volvía a defeccionar entre el Monterrey y el Atlas, por segunda vez, Vélez, de la mano de Ricardo Gareca, salía campeón en el Clausura 2009 de Argentina. Tan malos jugadores no debía tener.

Y después de que dejó Monterrey, campeón con Víctor Manuel Vucetich, el polémico entrenador se adjudicaba haber sido él quien había formado al equipo de Rayados.

En el medio también dirigió a la selección de Costa Rica, cargo que debió dejar por la falta de resultados, al tiempo que alegaba la ausencia de figuras.

En agosto del 2011, un amigo suyo, por entonces presidente de Banfield, no dudó en llamarlo, pero finalizado el torneo Apertura y con el equipo en la última posición debió regresar a México. Según se cuenta en el sur de Buenos Aires, antes de un entrenamiento, reunió al plantel y les dijo que “a ninguno de ustedes yo lo hubiera elegido, pero ahora tengo que arreglarme”.

Año después y por su pobre promedio, Banfield, el club de sus inicios, perdía la categoría, pero igual hoy La Volpe lo cuenta a su manera.

De sus conocimientos teóricos nadie duda, pero es su soberbia la que lo aleja de sus dirigidos y termina jugándole en contra. La prueba es que muchos de sus ex jugadores, convertidos luego en técnicos, destacan sus enseñanzas, pero algunos de ellos como el “Piojo” Miguel Herrera, el “Pprofe” José Guadalupe Cruz o Daniel “El travieso” Guzmán, alcanzaron más títulos en México que el propio maestro en mucho menos tiempo. Incluso sus compañeros de la selección argentina 1978, Daniel Passarella con Monterrey, y Américo Rubén Gallego con Toluca, lograron ser campeones en su primer año en el fútbol azteca.

Al América, en pleno festejo de su centenario, le urge un título. Ya se le escapó el primero con la derrota en la Copa MX. Le queda el campeonato local y en diciembre el Mundial de Clubes. Si supera en primera fase al campeón asiático debería enfrentar al Real Madrid. Desde el relato fantástico de La Volpe todo es posible, y, si le toca perder, ya encontrará un culpable o una excusa, pero nunca se quedará callado.

 

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La verdad está en el verde césped

“La verdad está en el verde césped”

La frase es del célebre jugador y técnico de fútbol Ángel Amadeo Labruna, fallecido en septiembre de 1983, y que seguramente tomó de su afición por las carreras de caballos.

el-grafico-angelitoComo sentencia incontrastable, bien se puede emplear en el fútbol, donde es muy difícil que un jugador sin condiciones pueda llegar a actuar en un nivel competitivo. No hay muchos lugares en las divisiones juveniles para los “acomodados”, quienes en los niveles más competitivos empiezan a desnudar sus falencias y limitaciones.

Suele oírse también, después de algún promisorio debut de boca de los propios interesados, que el desafío es mantenerse.

Más allá de estas afirmaciones, bastante comunes y corrientes en el ámbito del deporte, surge un recuerdo de un episodio casi cruel motivado por la avidez de un padre por “salvarse” con un hijo futbolista.

Sabido es que la Argentina es tierra fértil para la aparición de superdotados del balón, y que cualquier chico que muestre una pizca de talento despierta la ilusión de padres y eventuales mecenas o representantes.

Cada vez se busca a los potenciales Maradona y Messi más pequeños y no son pocos los que quieren asegurarse una porción en un futuro contrato o en una exitosa carrera.

Así fue como allá por 1998, comenzó a circular el rumor de la aparición de un pequeño de 12 años que por su habilidad y dominio de la pelota sobresalía entre sus pares. La noticia llegó enseguida a los canales de televisión, que sin haber visto jugar al niño se centraron en el hecho de que un empresario de la industria del plástico le había ofrecido al padre 50 mil dólares como adelanto de sus derechos económicos cuando se produjera un futuro pase.

El padre, conductor de colectivo y con 4 hijas más, en un principio aceptó la oferta, 2 años después lo desmintió, pero se encargó de difundir por cuanto medio pudo el supuesto convenio.

Alumnos de la carrera de Periodismo Deportivo del Círculo de La Prensa se sumaron también al interés que despertaba el caso, pero como verdaderos reporteros no se quedaron con la versión periodística sino que fueron a verlo directamente entrenarse y jugar.

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Doble página de la nota en la revista del Círculo de La Prensa

En una muy buena nota escrita en el anuario de graduación por Iván Gleizer, titulada “El Pibe de los 50 Mil”, se refleja el testimonio locuaz del padre, el del niño, su ilusión de conocer a Maradona, jugar en Boca Juniors y la Selección Argentina. Sin embargo, el cronista, que destacó su habilidad y dominio del esférico, en ningún momento se dejó deslumbrar ni soltó elogios desmedidos al verlo en pleno partido.

Por otra parte, deslizó el dato de que en aquel momento el chico no jugaba en ninguna división infantil oficial de los equipos de AFA, sino que integraba una filial de Boca en una localidad suburbana de Buenos Aires, próxima a su domicilio.

Pasaron dos años y no se supo nada del niño hasta que el prestigioso diario La Nación encabezó la tapa de su suplemento deportivo del 30 de agosto del año 2000 con A los 14 años, en medio de una historia de urgencias y negocios”.

El texto hablaba de la puja entre el Real Madrid y Barcelona por sumarlo a sus divisiones menores, de una oferta cercana al millón de dólares y una referencia a los 50 mil dólares, que esta vez su padre había rechazado. La nota también hace referencia a un supuesto empresario alemán, su socio en la Argentina y unos anteriores pasos por Ferro Carril Oeste y Lanús, que no hicieron demasiado por retenerlo.

Un título semejante no pasa desapercibido y menos para quienes por deformación profesional estamos obligados a ser escépticos por naturaleza.

Dado que el autor de la nota había sido compañero de redacción mío, e incluso docente en el mismo Círculo, no dudé en llamarlo y decirle que podían estar cayendo en un embuste.

De buena fe, el redactor se apoyó en eventuales despachos de la agencia de noticias estatal argentina Télam, la española EFE e incluso el diario deportivo Marca.

Tras años de haber conocido periodistas dispuestos a hacerle “pequeños favores” a algún amigo jugador y otros favores más grandes a cambio de dinero, me permití hasta dudar de las fuentes. Además, años de gobiernos demagógicos nos enseñaron que es más fácil engañar a una persona que hacerle reconocer que ha sido víctima de un engaño.

En 2006, la página “En una baldosa.com”, que se autodenomina “el Veraz del Fútbol” se preguntaba qué pasó con él tras su breve instante de fama.

En el correo de lectores aparecieron, entre algunas respuestas, el rechazo del Barcelona tras la prueba y fracasos posteriores en divisiones de ascenso en Alemania y Luxemburgo. El propio interesado en una entrada posterior alegó que “se ha especulado mucho sobre mí en todo este tiempo, pero la única verdad solo la sé yo”.

Al insistirle un lector sobre qué le había sucedido, respondió con un lacónico “todo tiene su precio”.

Más allá del infortunado desenlace de la historia, se dice que vive en Madrid, está casado y es padre de un hijo, el revuelo que se provocó a su alrededor no es muy usual ni feliz. Es el resultado de la tóxica mezcla que puede surgir de la voracidad y la desesperación.

Y como decía Angelito, por lo menos en el turf y en el fútbol, “La verdad está en el verde césped”.

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Ángel Labruna durante una nota con el autor de este blog, a la izquierda de la foto.

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El pequeño Jonah Lomu y el desarraigo instintivo

En los últimos días se hizo viral un video de un niño australiano, jugador de rugby, quien lograba en distintas acciones avanzar tumbando a sus pequeños rivales y anotar para su equipo.

Con una talla enorme para sus ocho años, no hay duda de que despertó la atención de aquellos que poco conocen del deporte de la ovalada y, sobre todo, de los medios televisivos y digitales de distintas partes del mundo embobados con sus movimientos.

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Hoy asombra, mañana no sabemos

La forma en que desplazaba a sus eventuales contendientes, a veces con “hand-offs” o directamente a los topetazos generó asombró en quienes no están habituados al rugby infantil.

El no tan pequeño para su edad, Meaalofa “Rayson” Teo, de origen samoano y que juega en el Sunbury United de Victoria, Australia, con sus potentes movimientos generó algunos títulos que en un futuro no lo favorecerán:

“Un niño de 8 años, auténtica bestia del rugby” (Mundodeportivo.com)

“¡Todo un tanque! “(Publimetro)

“El niño de 8 años que es un coloso del rugby, ¡Vaya “Bestia”! (As Deportivo TV)

“El niño de 8 años que recuerda a Jonah Lomu” (La Vanguardia.com)

“El niño topadora que sorprende a todos en el Rugby” (mendozapost.com)

“Imparable: quién es el Superniño que genera records en juego en “Beast Mode”, se preguntaba otro medio digital.

Más allá del daño que pueden causarle semejantes expresiones y comparaciones, quienes conocen de rugby infantil deben hacer otra lectura y no se engañan con lo que muestran las imágenes.

Si en divisiones formativas lo que importa es la evolución técnica del jugador y la adquisición de destrezas, es imperativo que a Meaalofa se lo haga jugar en dos o tres categorías más grandes para tener que enfrentar a oponentes de su talla.

Y no sólo por el bien de él, ya que si se acostumbra a llegar tan fácil a la conquista no sumará destrezas, sino por el bien de sus compañeros, porque con él en cancha se contentarán con que gane los partidos él sólo y tampoco evolucionarán.

Sólo un entrenador narcisista o necesitado de triunfos puede contentarse con las imágenes que muestran las distintas filmaciones.

En mis años de entrenador y de padre he visto numerosos ejemplos de desarrollo temprano, que cuando llegaron a divisiones más competitivas ya no establecían diferencias como cuando eran infantiles.

jonah-lomuDado que la comparación es con el legendario e inmenso Jonah Lomu, justo es también recordar que con él, Nueva Zelanda tampoco pudo ganar los mundiales de Sudáfrica en 1995 y Gales, en el 1999. Beneficiado en su velocidad y potencia, el recordado Lomu “asfaltaba” a sus marcadores, pero a veces, cuando no lograba progresar él solo, los ataques allí se detenían sin que el equipo pudiera dar continuidad al juego y sacar provecho a su contundencia.

Una metáfora de la vida

Como el rugby es una formidable metáfora de la vida, un escenario muy proyectivo de la conducta humana, la irrupción de Meaalofa permite relacionar las bondades de su herencia genética con los beneficiarios de las herencias económicas.

No son pocos losque al entrar a la vida adulta, con todos sus problemas resueltos, se acostumbran a funcionar con “piloto automático” sin darle un valor agregado a su paso por este mundo. Se buscan zonas de confort y ahí se quedan con el menor esfuerzo. No se adquieren conocimientos y se refugia uno en la comodidad. Estructuralmente son fenómenos parecidos.

Alguna vez le escuché decir al prestigioso psicoanalista argentino Juan Carlos Indart que el motor del progreso era el desarraigo instintivo del hombre.

“Uno deja a un caballo cinco años en un campo y va a comer más o menos pasto, pero al volver todo seguirá igual. El hombre hará un camino, un puente, buscará mejorar su hábitat”.

Indart señalaba que esa carencia instintiva, hasta en una necesidad básica como la alimentación, podía percibirse. A diferencia de una vaca, no se plantea si a su pasto le hace falta sal o pimienta.

Cuando uno va a un restaurant, necesita de otro registro, mirar primero el menú, y como sostiene Jacques Lacan, que “el deseo es el deseo del otro”, preguntarle a su acompañante: ¿ Y vos que vas a pedir?

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¿Cuál es el verdadero Papa Francisco?

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Francisco con Cristina Fernández de Kirchner

Cuando el entonces arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Mario Bergoglio, era electo Papa para suceder a Benedicto XVI se produjo, aunque no exenta de alegría, una conmoción singular en la Argentina

Quién hasta en esos momentos era considerado el “líder de la oposición” por el Gobierno “K”, pasó a ser el argentino más trascendente de la historia moderna.

Mientras algunos de sus detractores, como el periodista Horacio Verbitsky continuaron desempolvando episodios de la dictadura que dejaban mal parado al obispo, otros, como la presidente Cristina Fernández de Kirchner, tras tres días de parálisis, se animaron a dar una voltereta en el aire y reconciliarse con Francisco, como si nunca hubieran denostado a Bergoglio.

El veterano periodista le adjudicaba cierta responsabilidad en el secuestro y posterior detención de dos sacerdotes jesuitas, Francisco Jalics y Orlando Yorio, quienes realizaban tareas pastorales en barrios carenciados.

A partir de allí se sucedieron todo tipo de polémicas, con testimonios a favor y en contra del prelado, pero mientras el primero de los religiosos exculpó al hoy líder de los católicos de su secuestro y cinco meses de cárcel, la familia de Yorio, ya fallecido, sostuvo siempre que los informes de Bergoglio como responsable provincial de la Compañía de Jesús sellaron la suerte de su hermano. Incluso, éste tras recuperar su libertad y en el exilio deslizó en una carta la sinuosa actitud del Sumo Pontífice.

En medio de la confusión, la entones defensora del pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, y luchadora por los Derechos Humanos Alicia Oliveira liberó de toda responsabilidad a su amigo Bergoglio y añadió incluso que él mismo cedió su documento de identidad para que personas perseguidas por la dictadura pudieran escapar y salvar sus vidas.

El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel defendió también al obispo y lo dejó libre de sospechas de haber colaborado con la dictadura.

El entusiasmo por saber más de él generó que se conociera su loable compromiso con las causas populares y su controvertida militancia juvenil en Guardia de Hierro, un grupo de la derecha peronista .

“Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”

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Con su compañero de Militancia, Guillermo Moreno

Ésto aceleró los viajes de políticos del oficialismo a Roma, para que el Santo Padre “peronista” bendijera candidatos, se reuniera con la presidente y dejara de lado el destrato al que lo había sometido la primera mandataria argentina.

Sus palabras “Recen por Cristina” fueron interpretadas por la entonces oposición como una postura para que la presidente pudiera terminar su mandato y no se desencadenara en la Argentina una guerra civil, como no pocos temían.

Tampoco causó sorpresa cuando cobijó bajo su sotana a su ex compañero de militancia juvenil, el ex Secretario de Comercio Guillermo Moreno, quien logró sobresalir en el gobierno por su actitud autoritaria, destrozar la economía y maltratar a todo aquel que no pensara igual.

Desde que asumió su pontificado, Francisco hizo honor a su nombre, se mostró austero e intransigente con el capitalismo salvaje y la corrupción.

Hasta ahí, como representante de Dios en la tierra generó entusiasmo por su compromiso con los desposeídos y los subyugados de la tierra. Siempre a gran escala, en tono genérico y con valores sublimes, pero algunos hechos demuestran que a la corrupción y a las tiranías le ha costado ponerle nombres propios.

Por ejemplo, poco se le escuchó hablar de la situación en Venezuela, con líderes de la oposición encarcelados en condiciones infrahumanas, mientras el gobierno de Maduro continúa arrastrando al país a la peor debacle.

Lo mismo, cuando se reunió en Cuba con Fidel Castro, sin que se conociera una mínima referencia a un régimen que supera el medio siglo y que no muestra un gran apego a respetar los derechos individuales. Por supuesto que para no contrariar a sus anfitriones, jamás se reunió con la oposición. Como el Vaticano no se mete en política, en su viaje a México Francisco no escatimó críticas al candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, por su voluntad de construir un muro fronterizo, pero no fue capaz de recibir a los padres de los 43 estudiantes normalistas asesinados en Ayotzinapa, quienes necesitaban de un gesto para continuar con su sufrida lucha.

“Yo, argentino”

También mostró comprensión y misericordia con la dirigente social argentina Milagro Sala, quien lleva varios meses en prisión. Aun cuando su detención no se ajusta a derecho, pues no tiene condena en ninguna causa, la militante jujeña tiene ganado varios campeonatos de autoritarismo, violencia y, sobretodo, corrupción, pues con su declamado

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Milagro Sala, la líder que se quedaba con vueltos

amor a los pobres ha incrementado sus bienes de manera exponencial.

Es decir, el Papa, como representante de Dios, se muestra inflexible en la estratósfera, pero cuando las causas le pasan cerca regresa a su labor pastoral y parece recurrir a la vieja sentencia, “Yo, argentino”, una clara alusión a no meterse en conflictos de otros países.

“No se sirve a ideologías, se sirve a personas”, dijo el jesuita al señalar que su labor está en servir a los demás, aunque aquí mostró una actitud inocua y contradictoria con sus palabras.

De nuevo, en su convulsionada Argentina, donde las investigaciones por corrupción del gobierno kirchnerista son impulsadas por la prensa y luego seguidas por la Justicia, Francisco vuelve a fijar posición.

Primero con la invitación al juez Sebastián Casanello, quien en la causa por la “Ruta del dinero K” hizo todo lo posible por aletargar la situación en un primer momento, y luego desvincular por todos los medios a la ex presidente Cristina Fernández, cuando las evidencias que la comprometen son abrumadoras.

Ahora que el también juez federal Daniel Rafecas está en la ojo de la tormenta, por su pereza para investigar al anterior gobierno por los hechos de corrupción y su celeridad para rechazar las acusaciones del asesinado fiscal Alberto Nisman, Francisco lo vuelve a bendecir con una invitación a Roma, encubierta en un curso contra el narcotráfico.

Parafraseando al ocurrente e impredecible Diego Maradona podría decirse que “se le escapó la tortuga” aunque aquí suena más aquello que cantaba el compositor uruguayo Daniel Viglietti, “Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, que le están devorando a su paloma”.

Para la cristiandad será el “Representante de Dios en la Tierra”. Para quien esto escribe un buen ser humano con las debilidades y contradicciones propias de su especie.

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Estofado con papas

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Siempre fui un tipo al que le faltó el término medio para manejarse con las cosas.

Y aquella noche no fue la excepción. Había salido a cenar en un habitual recreo de mi guardia periodística nocturna de La Prensa, y tenía tanta hambre como muy poca plata.

Resignado, me di cuenta de que me alcanzaba para una porción de muzarella, su correspondiente fainá y un vaso de coca en el grill de la Avenida de Mayo y Lima, del que me separaban tres cuadras.

Una vez adentro, y tras terminar con mi pobre cena, llamó mi atención una conversación entre dos tipos que compartían la mesa alta de manera ocasional junto a mí.

En realidad no era una conversación, porque el que estaba de mi lado, un poco “picado” por un par de vasos de tinto, monologaba, mientras el otro se limitaba a escucharlo y asentir en silencio.

-. ¿Sabe qué? Desde chico él pensaba que sabía todo y hacía todo mal. Cuando quería hacer pis, no sabía ni desabrocharse el pantalón y después se terminaba mojando encima…

Yo mientras oía su relato, reparé en que casi no había tocado su plato de carne estofada acompañado por unas jugosas papas al horno.

-. ¿Y sabe qué? Cuando entró al primario no se dejaba enseñar con las sumas ni las restas, así hasta repitió de grado dos veces y casi ni fue a la escuela secundaria.

Con mucho disimulo arrimé mi tenedor, mientras el tipo seguía divagando y con un poco de culpa, llevé una papa a mi boca, con la seguridad de que no se iba a dar cuenta y de que otra muy pronto le iba a hacer compañía en mi insatisfecho estómago.

-. ¿Y sabe qué? Cuando tenía quince años mi señora le consiguió un empleo en un taller mecánico de un primo, pero el muy boludo a los dos o tres años ya estaba afuera porque no ponía nada de ganas.

Yo había cumplido mi objetivo a medias. De de las cinco papas que completaban la guarnición, tres ya estaban adentro mío, pero faltaba el premio mayor que era el tentador pedazo de carne.

-. ¿Y sabe qué? Hace poco vino con la novedad de que le gustaba una chica y quería traerla a vivir con nosotros a casa. Yo que siempre quise darle los gustos, le construí una piecita en el fondo y la trajo, aunque no tenía ni cómo mantenerla.

A esta altura, yo sentí que el pedazo de carne me hablaba, que el relato me era indiferente y que debía apurarme para volver a la redacción.

-. ¿Y sabe qué? El muy boludo parece que tampoco sabía atenderla como corresponde a un hombre y al final, terminé dándole yo. Por eso ahora estoy muy mal.

Apenas terminó de decir esto, salió como una flecha por la puerta de Avenida de Mayo y lo perdí de vista por completo. En la mesa me esperaba el premio mayor: el pedazo de carne intacto, pero ahí se quedó. No sé si porque estaba frío o yo ya no tenía más hambre.

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La noche en la que habló el inconsciente

Terapeuta: médico fenicio en idioma griego antiguo.

Psicoanalista: dícese del médico judío al que no le gusta ver sangre.

La segunda definición, que surge del humor de la intelectualidad porteña, puede parecer prejuiciosa o sectaria, pero refleja una tendencia en Argentina.

Lacan
Jacques Lacan

Lo cierto es que además de médicos, como primero exigía la Asociación Psicoanalítica Internacional, la práctica analítica se extendió después a psicólogos y a otros especialistas del campo de la salud, y la obra de Sigmund Freud y sus seguidores creció en forma exponencial.

Si bien Austria, Inglaterra y Francia fueron los países pioneros en su desarrollo, en la Argentina, en los sesenta y durante las décadas siguientes, se produjo un notable crecimiento en producción teórica y labor clínica.

De hecho, por cantidad de pequeños consultorios y terapeutas, al acomodado Barrio Norte de Buenos Aires se lo rebautizó “Villa Freud”, pero aquí no se trata de reescribir la historia del movimiento psicoanalítico ni de hablar de sus albores en la Argentina, sino de evocar un episodio muy curioso del que me tocó ser testigo.

Tras fallecer Jacques Lacan, el 9 de septiembre de 1981, unas tres semanas después, en la Ciudad de Buenos Aires, se organizó un homenaje a su larga y prolífica obra.

El escenario fue el auditorio teatral de la Sociedad Hebraica Argentina, que casi resultó pequeño para albergar a freudianos, postfreudianos y lacanianos, quienes en ese momento estaban considerados y se consideraban la “elite” del pensamiento psicoanalítico.

Por aquellos días con mi grupo de pares nos reuníamos los miércoles, y tras terminar de leer “El Budismo Zen y el Arte de la Arquería” (Lacan había recomendado la lectura del Budismo Zen) decidimos interrumpir nuestros estudios y concurrir al acto.

La fecha de realización coincidía con unas jornadas en las que disertaron Jacques Alain Miller, yerno de Lacan, epistemólogo y heredero de su legado y Eric Laurent, psicoanalista infantil y ex paciente del célebre psiquiatra francés.

¿La mente, cuando descansa?

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Eric Laurent

Laurent, quien fue uno de los primeros en hablar, evocó una historia que al día de hoy recuerdo, repienso y me parece tan brutal como cierta.

Al finalizar una sesión y despedirse de Lacan, Laurent le avisó que se ausentaría por iniciar sus vacaciones.

El analista permaneció inmutable, a lo que Laurent reiteró, “Maestro, me voy de vacaciones”.

Ante el silenció de Lacan, elevó el tono de voz y repitió, “Maestro, me voy de vacaciones”.

-. Y Usted cree que va a descansar-.

No sé cuantos habrán hecho la misma lectura que hice yo o si se detuvieron en la lacónica respuesta, que da vuelta por mi cabeza hasta el día de hoy.

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Jacques Alain Miler

Tras tan brillante episodio, una joven, visiblemente triste, quiso leer una poesía dedicada al homenajeado, pero no tuvo mucho eco en el impaciente auditorio. Más allá de la pobreza literaria del poema, comenzaba a palparse cierta intolerancia en la platea. Algunos pasaron directamente del murmullo descalificador a pedirle que se baje, por lo que paternalmente Miller, figura central de la noche, le señaló que vivencias tan personales e íntimas debía conservarlas para sí.

Para poner un paño frío al momento, el psicoanalista Roberto Harari, fallecido en el 2009, sin subirse al escenario, desde un pasillo, ponderó las cualidades de Lacan como “Maestro de Lectura”, postura que la exigente concurrencia aseveró en silencio.

Cuando se pensaba que Miller tomaría la palabra, irrumpió en el escenario una reconocida terapeuta, miembro de una prestigiosa escuela, con un libro de cuentos infantiles. Al principio empezó a leer uno, se supone alegórico a la muerte del maestro, pero rompió en llanto, en concordancia con la irreparable pérdida.

No obstante la difícil situación, se recompuso y comenzó a contar que cuando viajó a París, fue especialmente a verlo a Lacan a la Universidad de Vincennes.

Este la recibió en su consultorio y al no explicitar demasiado ella los motivos de su visita, tan sólo decirle que quería verlo, el fallecido didacta le soltó, “son 150 francos” , treinta dólares al cambio de la época, y módico precio para una sesión analítica con semejante prócer. La repulsa del auditorio no tardó en llegar y fue peor aún que con la pobre poesía.

Por pudor, y consciente de que estaba rodeado de analistas, salvajes y silvestres, omití decir que esa era la tarifa de las prostitutas de la Rue Sanint-Denis. Aunque yo jamás había tomado sus servicios cuando dos años antes quise residir en París, mi curiosidad periodística e intelectual me hicieron tener el dato.

Pero regreso al momento bochornoso: mientras se escuchaban algunos improperios desde la platea, cómo “bajate flaca” o “háganla callar” Miller se apersonó de nuevo, logró calmar a la compungida terapeuta, hasta esa noche llena de pacientes y alumnos, y con un discurso del que no recuerdo ni una palabra cerró el accidentado homenaje.

El hall del teatro, al cierre, parecía el Estadio Monumental después de una derrota de River Plate. La mayoría de la gente abandonando “el lugar del que escucha” y tratando de encontrar explicación al dislate.

“Ocurre que en tantos años de dictadura no podemos hablar ni escuchar y esto es consecuencia de ello” señaló una voz inteligente, amigo de un compañero mío, a quien luego contacté para que fuera mi terapeuta. Por supuesto que en nuestro primer encuentro y antes de suscribir el contrato analítico, tocamos el tema y con cierta tristeza me señaló que en el grupo de pares de la desventurada analista, sabían que esto podía ocurrir y la dejaron subir al escenario a incinerarse sin ningún tipo de cuidado. Por días se habló del tema en ámbitos intelectuales, con algunas referencias disparatadas, propias de programas de la farándula.

En lo personal, fue una experiencia muy fuerte. Tenía tan idealizado el mundo de los “Sujetos Supuesto Saber” que al romperse el equilibrio y su cáscara exterior sentí que me conformaba con ser “freudiano”, periodista y seguir jugando al Rugby. Ciertas deformaciones profesionales e imposturas intelectuales me habían sobrepasado. Aquella noche, el inconsciente salió, habló y nadie estaba preparado para escucharlo.

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